NEW POWER: ENERGÍA Y SOSTENIBILIDAD
Los países de América Latina y Asia Central están transformando rápidamente su papel, pasando de proveedores de materias primas a centros de la nueva energía y recursos renovables. Si antes la energía “verde” se mencionaba en las declaraciones de todas las cumbres para complacer a potenciales inversores, mientras la realidad requería formas más baratas de dar luz y calor, hoy ya se puede hablar seriamente de un nuevo rol de las antiguas “periferias” en el panorama energético global: en lugar de centros de materias primas, vemos centros operativos de la transición “verde”.

Hoy América Latina es una superpotencia energética de la era renovable. La región ya es una de las más “verdes” del mundo en su estructura de generación eléctrica: más del 60% de la electricidad en la región se produce a partir de fuentes renovables (hidroeléctrica, eólica, solar, geotérmica). Para comparar: la cifra mundial es de alrededor del 30% y en la UE es del 40% (datos de IRENA, 2023). Los líderes son: Uruguay (~95%), Costa Rica (~99%), Brasil (~85%) y Paraguay (~100%, hidroeléctrica).
Más allá del uso eficiente tradicional de los recursos naturales, América Latina posee un potencial colosal para producir minerales fundamentales e hidrógeno verde. Los “minerales verdes” (el “triángulo del litio”) no solo representan un interés para otros países, sino que también suenan cada vez más en el espacio mediático, especialmente en el contexto de la importante cuestión de los metales de tierras raras. Aquí hay algunos datos interesantes que invitan a reflexionar sobre la “silenciosa” revolución energética en la antigua “periferia”:
Chile, Argentina y Bolivia poseen aproximadamente el 55% de las reservas mundiales de litio (US Geological Survey, 2024).
Chile es el segundo mayor productor del mundo después de Australia. Producción en 2023: ~44.000 toneladas de carbonato de litio equivalente (LCE).
Para 2030, el “triángulo” podría representar hasta el 40% de la producción global (informe de la IEA “The Role of Critical Minerals in Clean Energy Transitions”).
Hidrógeno verde: Chile adoptó una Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde con el objetivo de convertirse en uno de los tres mayores exportadores para 2040, con un precio de producción inferior a 1,5 dólares por kilogramo para 2030 (la meta más ambiciosa del mundo). Estos proyectos también se están lanzando en Brasil y Argentina.
Petróleo y gas: la región sigue siendo un actor importante (Brasil, Guyana, Argentina, Venezuela), pero las inversiones se dirigen cada vez más a proyectos de bajas emisiones de carbono (captura de CO², descarbonización de la extracción).
A diferencia de los países latinoamericanos, ya seguros de su futuro energético, Asia Central se encuentra aún en proceso de reestructuración, pero hoy ya representa un punto clave en los flujos energéticos y un futuro centro de energía “verde”. La región está cambiando su papel de exportador pasivo de combustibles fósiles a participante activo en la transición energética, utilizando su enorme potencial de energías renovables para la transformación interna y la exportación de energía verde. Ya en la época de la URSS, una parte importante del desarrollo energético de la región era el potencial hidroeléctrico: por ejemplo, Tayikistán y Kirguistán poseen un enorme potencial técnico, pero no aprovechado en toda su capacidad, a pesar de las colosales centrales hidroeléctricas que quedaron de la época soviética. El potencial se estima en alrededor de 300.000 millones de kW/h/año (datos del Banco Mundial). Esto podría ser la clave para la seguridad energética y la exportación, aunque también existen riesgos objetivos políticos, diplomáticos, económicos y ambientales asociados con la “cuestión del agua”, que es muy delicada en la región.
Se está aprovechando activamente la energía solar y eólica, que los dos estandartes económicos de la región (Kazajstán y Uzbekistán) poseen. Así, Kazajstán ha declarado un objetivo ambicioso: obtener el 50% de su electricidad a partir de energías renovables para 2050, mientras que en 2023 la cuota fue de alrededor del 12%. En el bioma de la estepa, el potencial eólico en algunas regiones es comparable al marino (con un factor de capacidad de hasta el 40%). Tampoco hay que olvidar que Kazajstán es uno de los líderes mundiales en la producción de uranio (alrededor del 40% de la producción mundial en 2023). Se trata de una materia prima muy importante para la energía nuclear, que la IEA reconoce como una parte importante de la transición energética baja en carbono (generación ininterrumpida). En cuanto a Uzbekistán, ha lanzado el programa más grande de la región: la construcción de plantas de energía solar (8 GW) y eólica (5 GW) para 2030 con la participación de Masdar, ACWA Power y Total Eren, así como un proyecto de hidrógeno “verde” con ACWA Power de Arabia Saudí.
Por supuesto, la fuerza principal que impulsa el reajuste de los sistemas energéticos no es solo la preocupación por la naturaleza y la viabilidad económica, sino más bien la soberanía energética: ambas regiones utilizan las energías renovables para reducir su dependencia (América Latina de la volatilidad de los precios del petróleo, Asia Central de los recursos hídricos de los vecinos y las antiguas centrales térmicas). América Latina y Asia Central ya no son la periferia del mapa energético. Esto es New Power. Combinan la riqueza natural para llevar a cabo la revolución “verde” y la ambición de convertirse no solo en proveedores de materias primas, sino también en centros tecnológicos de un nuevo orden sostenible. Su éxito determinará el ritmo de la transición global hacia las emisiones netas cero.
Por Marat Ajmedzhánov