ARGENTINA: UNA NUEVA OPORTUNIDAD

Tanto en Kazajstán como en el resto de los países de Asia Central no se sabe mucho sobre Argentina. Seguramente si preguntamos en las calles de Astana o de otra ciudad de cualquier país euroasiático qué es lo que las personas saben de Argentina (uno de los ocho países más grandes del mundo, seguido por Kazajstán), la respuesta mencionaría a los astros futbolísticos: Messi, Maradona… Quizás el tango y la carne. No mucho más que esto, estoy segura. No se sabe que Argentina fue una potencia mundial y el país más industrializado de América Latina en los comienzos del siglo XX, por ejemplo. Ni tampoco que su capital, Buenos Aires, no tiene nada que envidiarle a París, en cuanto a su belleza arquitectónica.

Hoy, más de un siglo después, Argentina enfrenta una nueva oportunidad. Pero esta vez el desafío no es recuperar un pasado glorioso, sino construir un futuro posible. Alimentos, energía y minerales críticos: el mundo demanda lo que Argentina puede ofrecer.

El país cuenta con recursos naturales de escala global, conocimiento técnico y capacidad industrial para transformarse en una potencia agro energética y minera. Y aquí es donde está el punto neurálgico en el que se cruza con Kazajstán y otros países del espacio postsoviético, ya que, de alguna manera, comparten los desafíos y las oportunidades en un contexto internacional que representa nuevas alianzas, tanto comerciales como geopolíticas; y es justamente aquí donde los países de Asia Central pueden encontrar en Argentina un socio complementario, especialmente en áreas clave para el desarrollo sostenible.

Argentina posee una sólida experiencia en la agroindustria, la producción de alimentos, la biotecnología, la energía y la economía del conocimiento. A su vez, los países de Asia Central cuentan con abundantes recursos naturales, una ubicación geográfica estratégica entre Europa y Asia, y economías en proceso de diversificación y modernización.

Además, a lo largo de las últimas décadas, la historia demuestra que no son los recursos los que determinan el destino de una nación, sino las decisiones que se toman. Y hoy, más que nunca, las decisiones importan.
n los próximos años, y dentro del contexto mundial que estamos observando, la demanda global de alimentos, energía y minerales no hará más que crecer; por lo tanto, los países que puedan abastecer al mundo de forma confiable y sustentable ganarán protagonismo económico y geopolítico.

Actualmente, Argentina es un actor clave en la seguridad alimentaria global. Produce alimentos para más de 400 millones de personas.

El sector agro argentino está altamente tecnificado, vinculado con industrias nacionales de maquinaria, biotecnología, software y servicios. Y a costos mucho menores, en comparación con los países europeos o Estados Unidos. El intercambio de tecnologías agrícolas, semillas adaptadas a climas extremos, sistemas de riego eficiente y know-how en cadenas de valor alimentarias podría beneficiar, y mucho, a ambas partes.

No nos olvidemos del sector energético, ya que Asia Central es una región clave en términos de hidrocarburos, minerales críticos y potencial energético, mientras que Argentina tiene gran experiencia en energías tanto convencionales como renovables, además de sus relevantes capacidades científicas. El trabajo conjunto en exploración, desarrollo energético, transición hacia energías limpias e infraestructura podría ser el comienzo de un intercambio beneficioso a largo plazo.

Más allá de lo económico (y es la parte que me toca a mí más de cerca), el fortalecimiento de los lazos académicos y culturales resulta fundamental. Programas de intercambio universitario, cooperación científica, enseñanza de idiomas y proyectos conjuntos de investigación pueden sentar las bases de una relación sostenida en el tiempo.

Argentina cuenta con universidades públicas gratuitas de prestigio y una base cultural muy sólida y atractiva.

En mi caso particular, trabajamos hace más de 10 años en diversos proyectos de intercambio cultural con mi Kazajstán natal, tales como el hermanamiento de ciudades; la organización de eventos de promoción cultural; y el nombramiento de espacios públicos en Rosario, la tercera ciudad de Argentina, con nombres relevantes de Kazajstán, como la calle de Abai y la plaza de la República de Kazajstán. Sin duda, es muy importante el valor del trabajo diplomático mediante las embajadas y consulados. Un eficiente diálogo cultural y diplomático permite lograr un mayor entendimiento mutuo y ayuda a superar las distancias geográficas y a fomentar confianza y respeto, valores que, a mi entender, hacen mucha falta en el mundo de hoy.

Por Lic. Irina Vagner
Embajadora de la Amistad de la Asamblea
de los Pueblos de Kazajstán
Directora del Centro de Cultura de Kazajstán
en Rosario, Argentina